jueves, 22 de enero de 2015

[Josh] ¿Vivo o muerto?

-¿Qu.. q,, que ocurre Joe? ¿T..tte..t'encuentras bien? -tartamudeaba presa del miedo mientras Joe seguía mirándome con esa asquerosa mirada desencajada -Espera un segundo, amigo. ¡Llamare al enfermero!

Los gritos de Joe habían cesado pero, en él, no había lenguaje alguno. Convirtió sus gritos en gruñidos, espeluznantes, con tal fuerza que amedrentaría al más rudo guardia del cuerpo de Seguridad. Mantenía una posición bípeda pero con mayor apertura en sus piernas, como si en cualquier momento fuera a comenzar a correr. Joe gimió y de su boca comenzó a caer un pequeño hilo viscoso y, como si de babas sangrientas se tratase, se lleno su bata por el hombro izquierdo.

Saqué mi móvil y comencé a marcar el número de la centralita cuando Joe se abalanzó sobre mí tan rápido como un carterista de Manhattan, los cuales abundaban en mi niñez. Me asusté tanto que reconozco haberme meado encima, pero esos ojos sanguinolientos solo emanaban maldad y ponzoña.

Caí al suelo antes de que "eso" llegase a tocarme, tropezando con una silla del laboratorio. Tenia cada vez mas cerca de mi a Joe, Él cada vez mas cerca. Yo cada vez mas asustado. Temblaban tanto mis manos que el móvil se me cayó al suelo quedando debajo de las jaulas colocadas en la parte derecha de la habitación.

Presa del miedo, agarre del extremo inferior la silla con al que tropecé y golpeé a Joe con todas mis fuerzas dejándolo tirado entre una mesa y su banqueta. En el golpe, Joe chocó con la mesa tirando los aparatos de la mesa, así como las cenizas de los especímenes B11, B14, C6 y D1, los cuales se esparcieron sobre Joe.

Aprovechando la caída de Joe salí corriendo en dirección a la puerta, introduje el código y salí de la habitación. La puerta se cerró y me quedé en cuclillas mirando a Joe a través de esta, transparente, de óxido de aluminio, lo que me proporcionaba cierta seguridad ante tal cosa. Permanecí mirando el comportamiento de Joe, un tanto errático, agresivo y animal.

Aproximadamente a los 5 minutos de haber dejado la habitación, Joe dejó de mirar a través de la puerta y se dirigió hacía las ratas, torpe e impulsivo iba chocando con el inmueble de la habitación. Sus habilidades motoras parecían haber sido reducidas, quizás su vista, quizás su sistema nervioso simpático estaba afectado, a la par que su visión dado que esos ojos encharcados en sangre parecían síntomas claros de una conjuntivitis vírica pero a un nivel mayor.

En las Jaulas, Joe, agarró con torpeza una rata y, sin dilación, le dio un bocado arrancando su pequeña cabeza la cual fue masticada de una manera animal, sus huesos comenzaron a resquebrajarse y a crujir, hecho del que parece que Joe disfrutaba enormemente.

Solté una arcada y pensé que toda la comida de la semana iba a salir por mi boca. No se me ocurrió otra cosa que gritarle, exageradamente alto, para captar su atención.

-¡Joe! ¡Para! ¡Por favor, Joe! ¡Para! -Grité a pleno pulmón.

¡Funcionó! Volví a captar la atención de Joe, pero... no pensé en que pasaría después. Joe, rugió de nuevo y arremetió contra la puerta, lanzándose contra ella tratando de romperla. Golpe tras golpe, mi nivel de ansiedad crecía a igual que el deseo hambriento de Joe.

En un arrebato, Joe lanzó su cabeza contra la puerta, logrando romper el cristal, era mi fin. Trate de levantarme pero mis pies no respondían, todo mi cuerpo estaba en shock.

De repente, un gran estruendo sonó detrás mía dejándome los oídos con un intenso sonido que no me dejaba escuchar más allá de él. ¡Era un disparo! Miré a Joe y de su frente brotaba en canal la sangre, entonces, giré la cabeza y vi a Susana con una pistola, modelo H&K USP 9mm, humeante y recién disparada.

-¿¡Que has hecho Susana!? ¡No sabíamos si podía ser curado! -Exclamé buscando algo de cordura.
-Era imposible -me dijo -.Ya estaba muerto.

miércoles, 21 de enero de 2015

[Josh] El Paciente 0


-Joe, es hora de comer.. ¿Vienes a la cafetería? -Preguntó Susana poniendo la mano sobre su estómago el cual rugía desde hace ya varios minutos.

-No, Susana. Estoy apunto de terminar. ¡Dame 10 minutos y te alcanzaré! -Exclamó Joe un tanto exaltado.


Los días en el laboratorio eran duros y estresantes pero la causa era noble. En palabras de Joe "Un mundo sin enfermedad supondría el cambio del ser humano tal y como lo conocemos" y vaya si tenía razón. Nadie esperaba que nuestras proezas cambiasen el devenir de la humanidad. Tanto para bien, como para mal.

En aquella época tan solo era un alumno destacado en genética sin más aspiración que la de entrar a trabajar en un laboratorio como ese y poder empezar a jugar como solo Dios lo hace. Joe era un destacado biotecnólogo celular con una larga lista de medallas en su expediente a la par que una lista aún más larga de títulos relacionados con el desarrollo genético.

Yo solo conocía su bata blanca pero estoy seguro de que era la clase de hombre que viste refinadamente. Con el sueldo que dicen que recibía sería lo más lógico. Su pelo blanco siempre repeinado, su barba gris recortada, sus gafas siempre impolutas... Era la presencia humana hecha método.

Por aquella época investigábamos con algo muy de moda, las células madre y su desarrollo desde la gestación. Intentábamos, a grandes rasgos, utilizarlas de manera que el ser humano no volviese a ser cohibido por la enfermedad, la minusvalía o la amputación. ¡Juro por Dios que nuestras intenciones eran buenas!

Una vez acabado el experimento del día, Joe me dejó solo en la sala y se dispuso a ir hacía la cafetería, no sin antes recordarme mis pequeñas tareas. Podríamos decir que dentro de este laboratorio yo era el “pinche de cocina”.

- Josh, han muerto los especímenes de las jaulas B11, B14, C6 y D1. Procede a su extracción y posterior incineración. Después alimenta los especímenes supervivientes y recoge muestras de heces de los inyectados de hoy -Dijo Joe con su marcado tono serio.


Realmente, la experimentación con animales no era uno de mis aspectos favoritos en este trabajo. Pero como se suele decir “el fin justifica los medios”. Me dispuse a hacer las primeras de mis comandas. Este tipo de trabajo tenía un impacto opuesto en las ratas pues conseguíamos especímenes tan sanos que podían sobrevivir a ser cortados con una sierra mecánica y otros que simplemente, gracias al fármaco retrovírico, acababan desangrándoles y, por ende, se convertían en una bola de sangre y pus. Desgraciadamente los pequeños roedores de las Cajas B11, B14, C6 y D1 pertenecían al segundo grupo.

Que el fármaco matase a tan solo cuatro ratas de setenta y cinco hacía que este fuese más de un 90% efectivo. Unos resultados bastante prometedores, pero no sería hasta el 100% cuando se empezaría a usar con homínidos y mas tarde con humanos. Estábamos a las puertas del “homo futura”.

Las ratitas gemían y gemían ¡Era su hora de comer! Comencé por la fila A, después la B y así debería de haber sido hasta llegar a la fila E. Sin embargo, al llegar a la fila D una de las ratitas quedaba quieta en la esquina izquierda del interior de su jaula respirando tan fuerte que parecía que en cualquier momento fuera a explotar. El procedimiento exigía que bajo ningún concepto el experimentador entrase en contacto con los animales, pero siempre fui un inconsciente amigo de los roedores y me decidí a agarrarlo.

La rata me miró como si de un humano se tratase, o quizás yo pensaba eso. Su mirada cambio al ver mi mano desnuda. Agitó su cuerpo y como una centella mordió mi dedo meñique produciéndome un pequeño corte en la yema del dedo. Rápidamente, saque mi mano y cerré la jaula. Me desplacé hasta mi mesa donde tenia pañuelos y una botella de agua. Tomé las cosas y fui al lavador de probetas donde enjuague la herida y la limpié con mi agua. Tras limpiar y vendarme, tomé un trago de agua y me senté en mi silla donde intenté relajarme durante unos minutos con una pequeña cabezada.

-¡Inconsciente! ¿Cómo osas dormirte y dejas a los especímenes sin alimentar? -Escuché somnoliento.

Desperté súbitamente, avergonzado por la falta de responsabilidad y seriedad que debería de tener un profesional de mi campo. Me disculpé y fui raudo hacía las ratas donde me disponía a darles de comer.

Joe clavaba su mirada en mí, como la clava un padre que desea que su hijo haga las cosas bien, y yo temeroso y resentido conmigo mismo no podía dejar de mirar por el rabillo del ojo a “papá”. Continué con mi trabajo. Joe se sentó en mi mesa y comenzó a leer su PDA, probablemente serían correos de la Dirección de la Empresa.

Uno de eso correos parecía no ser demasiado agradable pues dio un golpe tan fuerte que estuvo apunto de tirar mi ordenador. Cogió mi botella de agua y le dio un gran trago.

A los pocos segundos Joe comenzó a tener espasmos y a gritar, desencajado e inhumano. Su ojos se volvieron rojos como si solo sangre hubiese en ellos y clavo su mirada en mí. Y... en resumen, él fue el "primero".