-¿Qu.. q,, que ocurre Joe? ¿T..tte..t'encuentras bien? -tartamudeaba presa del miedo mientras Joe seguía mirándome con esa asquerosa mirada desencajada -Espera un segundo, amigo. ¡Llamare al enfermero!
Los gritos de Joe habían cesado pero, en él, no había lenguaje alguno. Convirtió sus gritos en gruñidos, espeluznantes, con tal fuerza que amedrentaría al más rudo guardia del cuerpo de Seguridad. Mantenía una posición bípeda pero con mayor apertura en sus piernas, como si en cualquier momento fuera a comenzar a correr. Joe gimió y de su boca comenzó a caer un pequeño hilo viscoso y, como si de babas sangrientas se tratase, se lleno su bata por el hombro izquierdo.
Saqué mi móvil y comencé a marcar el número de la centralita cuando Joe se abalanzó sobre mí tan rápido como un carterista de Manhattan, los cuales abundaban en mi niñez. Me asusté tanto que reconozco haberme meado encima, pero esos ojos sanguinolientos solo emanaban maldad y ponzoña.
Caí al suelo antes de que "eso" llegase a tocarme, tropezando con una silla del laboratorio. Tenia cada vez mas cerca de mi a Joe, Él cada vez mas cerca. Yo cada vez mas asustado. Temblaban tanto mis manos que el móvil se me cayó al suelo quedando debajo de las jaulas colocadas en la parte derecha de la habitación.
Presa del miedo, agarre del extremo inferior la silla con al que tropecé y golpeé a Joe con todas mis fuerzas dejándolo tirado entre una mesa y su banqueta. En el golpe, Joe chocó con la mesa tirando los aparatos de la mesa, así como las cenizas de los especímenes B11, B14, C6 y D1, los cuales se esparcieron sobre Joe.
Aprovechando la caída de Joe salí corriendo en dirección a la puerta, introduje el código y salí de la habitación. La puerta se cerró y me quedé en cuclillas mirando a Joe a través de esta, transparente, de óxido de aluminio, lo que me proporcionaba cierta seguridad ante tal cosa. Permanecí mirando el comportamiento de Joe, un tanto errático, agresivo y animal.
Aproximadamente a los 5 minutos de haber dejado la habitación, Joe dejó de mirar a través de la puerta y se dirigió hacía las ratas, torpe e impulsivo iba chocando con el inmueble de la habitación. Sus habilidades motoras parecían haber sido reducidas, quizás su vista, quizás su sistema nervioso simpático estaba afectado, a la par que su visión dado que esos ojos encharcados en sangre parecían síntomas claros de una conjuntivitis vírica pero a un nivel mayor.
En las Jaulas, Joe, agarró con torpeza una rata y, sin dilación, le dio un bocado arrancando su pequeña cabeza la cual fue masticada de una manera animal, sus huesos comenzaron a resquebrajarse y a crujir, hecho del que parece que Joe disfrutaba enormemente.
Solté una arcada y pensé que toda la comida de la semana iba a salir por mi boca. No se me ocurrió otra cosa que gritarle, exageradamente alto, para captar su atención.
-¡Joe! ¡Para! ¡Por favor, Joe! ¡Para! -Grité a pleno pulmón.
¡Funcionó! Volví a captar la atención de Joe, pero... no pensé en que pasaría después. Joe, rugió de nuevo y arremetió contra la puerta, lanzándose contra ella tratando de romperla. Golpe tras golpe, mi nivel de ansiedad crecía a igual que el deseo hambriento de Joe.
En un arrebato, Joe lanzó su cabeza contra la puerta, logrando romper el cristal, era mi fin. Trate de levantarme pero mis pies no respondían, todo mi cuerpo estaba en shock.
De repente, un gran estruendo sonó detrás mía dejándome los oídos con un intenso sonido que no me dejaba escuchar más allá de él. ¡Era un disparo! Miré a Joe y de su frente brotaba en canal la sangre, entonces, giré la cabeza y vi a Susana con una pistola, modelo H&K USP 9mm, humeante y recién disparada.
-¿¡Que has hecho Susana!? ¡No sabíamos si podía ser curado! -Exclamé buscando algo de cordura.
-Era imposible -me dijo -.Ya estaba muerto.
En las Jaulas, Joe, agarró con torpeza una rata y, sin dilación, le dio un bocado arrancando su pequeña cabeza la cual fue masticada de una manera animal, sus huesos comenzaron a resquebrajarse y a crujir, hecho del que parece que Joe disfrutaba enormemente.
Solté una arcada y pensé que toda la comida de la semana iba a salir por mi boca. No se me ocurrió otra cosa que gritarle, exageradamente alto, para captar su atención.
-¡Joe! ¡Para! ¡Por favor, Joe! ¡Para! -Grité a pleno pulmón.
¡Funcionó! Volví a captar la atención de Joe, pero... no pensé en que pasaría después. Joe, rugió de nuevo y arremetió contra la puerta, lanzándose contra ella tratando de romperla. Golpe tras golpe, mi nivel de ansiedad crecía a igual que el deseo hambriento de Joe.
En un arrebato, Joe lanzó su cabeza contra la puerta, logrando romper el cristal, era mi fin. Trate de levantarme pero mis pies no respondían, todo mi cuerpo estaba en shock.
De repente, un gran estruendo sonó detrás mía dejándome los oídos con un intenso sonido que no me dejaba escuchar más allá de él. ¡Era un disparo! Miré a Joe y de su frente brotaba en canal la sangre, entonces, giré la cabeza y vi a Susana con una pistola, modelo H&K USP 9mm, humeante y recién disparada.
-¿¡Que has hecho Susana!? ¡No sabíamos si podía ser curado! -Exclamé buscando algo de cordura.
-Era imposible -me dijo -.Ya estaba muerto.
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